La distribución aconsejable es la siguiente:
- Desayuno: En el desayuno es el momento del día que más tranquilos debemos ingerir los alimentos. Siempre con la intención de no producir un excesivo incremento de azúcar en sangre que traiga como resultado una bajada posterior y la sensación de más hambre.
- Almuerzo: Este es muy importante y además de gran relevancia cultural en nuestra sociedad. Almorzar aporta la energía que el cuerpo necesita para no desfallecer y afrontar cualquier actividad, además ayuda a mantener el metabolismo activo
- Merienda: Esta es muy beneficioso pues provoca que lleguemos con menos hambre a la siguiente comida, acción que trae como resultado la disminución de la ingesta y nos ayuda a mantener un peso equilibrado.
- Cena: Las cenas deben ser ligeras ya que es el momento del día a partir del cual menos energía vamos a necesitar y para favorecer además el descanso.

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